Hoy considero una situación oportuna para hablar de mi misma. Aunque comprendería como crítica el 'no entiendo lo que decís' ya que podría dar miles de vueltas al rededor de una idea; o tejer una telaraña impidiendo entrar en la zona de la cuál me refiero al escribir este texto.
Mi propósito es volcar mi fobia hacia él explicando cada uno de mis pasos. Comúnmente nos cruzamos en el colegio evitando miradas y palabras, aunque reconozco que si nos cruzamos es porque lo busco; luego de ese instante en que lo veo, empieza mi miedo. Miedo al pasado, a lo que fui en algún momento histórico de mi vida. Reacciones que tuve y que me deribaron a la enfermedad mental en cierta forma. Acto siguiente al verlo, comienzo a temblar, no sé que parte de mi se descontrola y genera una inquietud que me paraliza por dentro y no me contiene por fuera. Empiezo a tartamudear sin poder transmitir lo que quiero. Bien, supongo que algunas personas pensarán que es común sentirse incómodo e intimidado con la presencia de la persona que le gusta, pero no es mi caso. En el verano logre experimentar principios de enfermedad severa que, si continuaba por el mismo camino, me iban a dejar rápidamente en un manicomio. Es como un estado depresivo, mis días de duelo. Días en que no comía, no salía, lloraba y me volvía autista cada vez que alguien me dirija la palabra. No me considero una persona común, pero tampoco extraña. Es un nivel intermedio el que transito y supongo (o quisiera suponer) que es propio de la edad.
El miedo se transforma, muchas veces, en preocupación e intranquilidad en mí. Pero solamente ronda a través del pasado, de esa persona de la cuál me arrepiento haberme convertido, pero a la vez me enorgullesco de poder volver a mis principios y mi esencia.
Creo que, como siempre, me fui por las ramas y nuevamente tengo que tomar las riendas y continuar con mi trabajo de querer/necesitar escribir esto que siento. Un sentimiento que esta presente todos los días de mi vida y que, de cierta forma, no me deja vivir, crecer ni madurar. Me encierra en un circulo vicioso y admito que yo no quiero salir.
No me equivoco al decir que mi fobia es su capacidad de lastimarme, su capacidad de vengarse, su orgullo y sus palabras. Más miedo me da el hecho de saber que es la única persona que posee el control sobre mi y me maneja cuál titere. Y aunque intente soltarme de aquellos hilos que me sostienen, no puedo.
Uno de mis deseos es poder entrar en su mente y hacerle saber que es lo que me lastima (aunque creo que el sabe pero lo utiliza a su convención). Hacerle saber que quizás no soy la misma persona que conoció, pero tampoco soy lo contrario. Creo que el cambio fue madurativo. Quizás era diferente por la inosencia que contenía adentro mío, con la ilusión permanente de que esa persona me cuidaría, es la misma ilusión que tengo ahora, y que al igual que antes, la destruye. No puedo ser perfecta, pero puedo mejorar. No puedo ser la misma, aunque quiera y me remuerda por dentro. Los golpes me obligaron a cambiar. Y aunque derrame una y mil lágrimas no puedo volver el tiempo atrás.
Esto es, en parte, lo que quiero expresar. Y por eso hoy me siento acá, en mi silla de siempre, con la misma letra, y las mismas esperanzas narrando mi historia...



















